El Mar Ross albergará la mayor reserva marina del mundo

Hannah Sanel

02 NOVIEMBRE 2016 | Imágenes: Paul Nicklen/Getty.- Es una de las zonas vírgenes del planeta y uno de los últimos ecosistemas marinos intactos que nos quedan. Esperemos que sea por mucho tiempo, y no es un simple deseo. Por lo pronto, están poniéndose los medios para ello. Y es que el mar de Ross, también conocido como “el último océano” por la importancia de su preservación, va a albergar a la reserva marina más grande del mundo.

Así lo ha anunciado la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA) este viernes, 28 de octubre. Todo un triunfo, sin duda, poner las condiciones necesarias para arrebatar a la explotación humana, a la contaminación en sus mil y una formas este enclave natural tremendamente valioso, de inconmensurable belleza e increíble biodiversidad.



Han sido necesarios cinco años de difíciles negociaciones, para finalmente poder anunciarse la creación de una vasta zona marítima protegida en el mar de Ross, de alrededor de 1,55 millones de kilómetros cuadrados. Una extensión muy cercana a la de la actual reserva marina más grande del mundo, que cuenta con más de 1,51 millones de kilómetros cuadrados.


Un acuerdo histórico

Proteger el mar de Ross, una gigantesca bahía bajo jurisdicción neozelandesa, será posible gracias al acuerdo “histórico” que creará la creación de la mayor reserva marina del mundo. Se trata de una resolución trascendental, tras años infructuosos por la oposición de Rusia.

Finalmente, el acuerdo forjado por la CCRVMA en Hobart, Australia, lo ha hecho posible. Si hace unos días lamentábamos la negativa de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) a crear un santuario en el Atlántico Sur para proteger a las ballenas, apenas unos días después surge esta noticia que es motivo de alegría.

Además, se da la circunstancia de que en el mar de Ross también hay una gran variedad de ballenas, con lo que igualmente supone una noticia estupenda para ellas. Pero llegar a ella ha sido un largo camino.



Según explica el ministro de Exteriores de Nueva Zelanda, Murray McCully, han sido necesario hacer encaje de bolillos durante años. Los últimos pasos antes de alcanzar la meta han sido unos cambios en el borrador con el fin de conseguir el respaldo necesario.

En concreto, se necesitaba el apoyo unánime de los 25 miembros de la comisión, pues se toman las decisiones de forma consensuada. Ello significa que basta la negativa de uno de ellos para que no hubiese acuerdo.

Si bien el último lustro ha sido el más intenso en negociaciones, hay que remontarse al año 1982, momento de su creación por una convención internacional, para hacer las cuentas de forma más exacta. “Por primera vez, los países han apartado sus diferencias para proteger una gran área del océano austral y de aguas internacionales”, apunta Mike Walker, activista de Antarctic Ocean Alliance.

Con el paso del tiempo se han ido acercando posiciones. Si China dio su apoyo a la creación de la reserva el pasado año, luego el principal escollo ha sido Rusia, el último país que se oponía, por cuestiones relacionadas con los derechos de pesca.

A juicio de Evan Bloom, director de la delegación estadounidense, en la labor de convencer a Rusia fue decisiva la conversación que mantuvo con el presidente ruso, Vladimir Putin y su ministro de Relaciones Exteriores, Sergei Lavrov.

Aunque no es necesario ser un lince para entender que el peso de las conversaciones mantenidas durante años, incluyendo presiones de ONGs, han acabado haciendo mella. El director de campaña de Avvz, Luis Morago, cree que esta victoria es la primera de muchas más: “Hay un movimiento masivo ahora mismo en todo mundo para proteger los océanos. El mar de Ross es sólo el comienzo”.


Cómo es el mar de Ross

Haber dado luz verde a la creación de este santuario invita a una descripción de dicho ecosistema en un tono mucho más festivo y relajado que si la decisión hubiera sido la contraria. De forma breve, situamos al Mar de Ross en el océano Antártico.

Es una bahía profunda situada al sur de Nueva Zelanda, entre el océano Glacial Antártico y la Antártida. A nivel terrestre, entre la Tierra de Victoria y la Tierra de Marie Byrd, al sur de Nueva Zelanda.

Descubierto por el explorador británico James Clark Ross en 1841, una buena parte de él se convertirá en área protegida (más de 1,55 km2), y de toda ella 1,12 millones será zona de exclusión de pesca. Para que nos hagamos una idea, el área equivale a la suma del territorio que ocupa Francia, Alemania y Reino Unido.



Describirlo es complicado, sobre todo porque tiene un algo de intacto, de tierra del edén, intacta, libre de la huella humana que le hace destilar una magia especial. Sus aguas son prístinas y abunda el krill, esos pequeños crustaceos que son alimento esencial para focas, ballenas, peces, pájaros marinos y, en particular, pingüinos.

En efecto, sus icebergs lo convierten en un ecosistema ideal para los pequeños pájaros vestidos de frac. No puede dejar de mencionarse a uno de sus habitantes más peculiares, como es el pingüino de Adelia (Pygoscelis adeliae), donde vive un tercio de la población mundial. Además, es una zona de cría del pingüino emperador (Aptenodytes forsteri).


Por qué es importante el acuerdo

Haber llegado a este acuerdo permitirá la protección de la vida marina, la pesca sustentable y también los intereses de los científicos. Con respecto al primer objetivo, apuntemos que los excepcionales ecosistemas del océano Antártico, que representa el 15 por ciento de la superficie de los océanos, contienen más de 10.000 especies únicas amenazadas por la navegación y la sobrepesca.

“Esta decisión es histórica ya que es la primera vez que los países aceptan proteger una gigantesca porción de océano más allá de las jurisdicciones nacionales”, celebró la organización estadounidense Pew Charitable Trusts.

El reto para los próximos años es ampliar la protección también para el mar de Weddell y el este de la Antártida. Incluso la familia Ross lo celebra. “Estamos eufóricos de que sea el legado de nuestra familia el que sea honrado en el 175 aniversario de su descubrimiento, muchas gracias a las personas y a las organizaciones que se han dedicado en cuerpo y alma para defender esta protección”, explicó.

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